DUDAR
Y CRECER
¿Cuántas dudas se
les plantearon desde que son madres?
¿Cuántas dudas
tenías antes de serlo?
¿Cuántas respuestas
nuevas encontraron?
¿Y certezas?
Estoy iniciándome en
la disciplina denominada Coaching, y uno de los temas que estudiamos es “el
aprendizaje”, y los enemigos del mismo. Entre estos enemigos está justamente LA CERTEZA. ¿Y por qué?
Porque si estamos seguros acerca de algo, ya no nos volvemos a preguntar sobre
eso, cuando alguien trata ese tema, al creer nosotros que ya sabemos, nos perdemos la maravillosa oportunidad de seguir
aprendiendo, de seguir creciendo.
Reitero una de mis
frases favoritas: “Lo único constante es el cambio”. Y, como todo cambia,
aquello que me sirvió ayer puede no servirme mañana… O puede servirme, pero
para una cosa totalmente distinta.
Entonces, los invito
a reflexionar… ¿qué nuevas oportunidades se abrirían ante nosotros si nos
animáramos a vivir permanentemente aprendiendo…?
Si nos animáramos a
renunciar a las certezas…
No sé a uds, pero a
mí esto me da un poco de miedo.
Hace poco me di
cuenta de que he buscado certezas toda mi vida… He intentado tomar decisiones,
ponerme de un lado o del otro, tomar posición, decidir cuál es mi opinión
respecto de algo, y aferrarme a ella. La incertidumbre me genera miedo,
inseguridad.
Sin embargo, las
situaciones o épocas de incertidumbre, son maravillosas oportunidades para
sorprendernos, para utilizar herramientas que tenemos pero estaban dormidas, o
desarrollar la creatividad y adquirir nuevas herramientas para hacer frente a
la nueva situación.
¿Y si lográramos ver
a la incertidumbre como un hermoso, sinuoso y desconocido camino de
aprendizaje? Aunque nos dé miedo… Cerrar los ojos (en sentido figurado) y
lanzarnos a la incertidumbre, sabiendo que al final del camino obtendremos el
hermoso tesoro que será todo lo que hemos aprendido, lo que hemos crecido.
Yo lo estoy
intentando…
Y en esto, la
maternidad tuvo mucho que ver.
Desde que soy mamá,
este verbo abunda en mi vocabulario y en mis reflexiones: crecer. Por ejemplo,
cuando le digo a mi hijo mayor “Todavía no podés hacer eso, pero cuando crezcas
lo vas a poder hacer”.
Mi hijo mismo,
muchas veces responde “¡Pero yo estoy creciendo!”.
Y yo pienso: “yo
también estoy creciendo…”. Porque considero que la mejor forma de vivir es
vivir aprendiendo, estar en un constante proceso de aprendizaje.
Y la maternidad nos
quiere enseñar eso.
En un post anterior
decía que “la maternidad nos sacude las bases”, y es que creo que el
sentimiento es tan abrumador, tan completo, inexplicable… directamente nos
inunda… y nos cambia, nos modifica.
¿Cuántas veces se
preguntaron si, como mamás, están haciendo lo correcto?
¿Cuántas veces
dudaron? ¿Cuántas veces POR DÍA dudan?
¿Y antes de ser
mamás? ¿Dudaban mucho? ¿O sienten que tenían más certezas?
Tal vez, muchas de
uds., afortunadamente, hayan aprendido antes de ser madres que el cambio es lo
único constante, y que es la única forma de crecer, de adaptarse, aceptar el
cambio y zambullirse en la aventura de aprender.
Pero para quienes
siempre quisimos tener todo claro, todo el tiempo, la maternidad nos vino a
decir: “No querida… OLVIDATE de estar segura, a partir de ahora no vas a estar
totalmente segura nunca más!” Y es que, a veces, creemos dar en el clavo con
una cuestión…., pero esa cuestión puede cambiar… en tan solo unos pocos meses,
y lo que con mi hijo me sirvió el mes pesado, hoy ya no sirve, ya no aplica. O
no se aplica a mi segundo hijo. Y es un nuevo proceso de desaprender lo
anterior y aprender lo nuevo.
Ojalá pudiéramos
tomar a la maternidad como un curso intensivo (no porque sea de corta de
duración, sino porque es realmente MUY intenso) de cómo vivir. Si pudiéramos
vivir aprendiendo… y desaprendiendo, y volviendo a aprender, como nuestros
hijos nos obligan a hacerlo… creo que podríamos vivir más felices.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario