miércoles, 8 de enero de 2014

DUDAR Y CRECER


¿Cuántas dudas se les plantearon desde que son madres?
¿Cuántas dudas tenías antes de serlo?
¿Cuántas respuestas nuevas encontraron?
¿Y certezas?

Estoy iniciándome en la disciplina denominada Coaching, y uno de los temas que estudiamos es “el aprendizaje”, y los enemigos del mismo. Entre estos enemigos está justamente LA CERTEZA. ¿Y por qué? Porque si estamos seguros acerca de algo, ya no nos volvemos a preguntar sobre eso, cuando alguien trata ese tema, al creer nosotros que ya sabemos, nos perdemos la maravillosa oportunidad de seguir aprendiendo, de seguir creciendo.
Reitero una de mis frases favoritas: “Lo único constante es el cambio”. Y, como todo cambia, aquello que me sirvió ayer puede no servirme mañana… O puede servirme, pero para una cosa totalmente distinta.

Entonces, los invito a reflexionar… ¿qué nuevas oportunidades se abrirían ante nosotros si nos animáramos a vivir permanentemente aprendiendo…?
Si nos animáramos a renunciar a las certezas…
No sé a uds, pero a mí esto me da un poco de miedo.

Hace poco me di cuenta de que he buscado certezas toda mi vida… He intentado tomar decisiones, ponerme de un lado o del otro, tomar posición, decidir cuál es mi opinión respecto de algo, y aferrarme a ella. La incertidumbre me genera miedo, inseguridad.
Sin embargo, las situaciones o épocas de incertidumbre, son maravillosas oportunidades para sorprendernos, para utilizar herramientas que tenemos pero estaban dormidas, o desarrollar la creatividad y adquirir nuevas herramientas para hacer frente a la nueva situación.
¿Y si lográramos ver a la incertidumbre como un hermoso, sinuoso y desconocido camino de aprendizaje? Aunque nos dé miedo… Cerrar los ojos (en sentido figurado) y lanzarnos a la incertidumbre, sabiendo que al final del camino obtendremos el hermoso tesoro que será todo lo que hemos aprendido, lo que hemos crecido.
Yo lo estoy intentando…

Y en esto, la maternidad tuvo mucho que ver.

Desde que soy mamá, este verbo abunda en mi vocabulario y en mis reflexiones: crecer. Por ejemplo, cuando le digo a mi hijo mayor “Todavía no podés hacer eso, pero cuando crezcas lo vas a poder hacer”.
Mi hijo mismo, muchas veces responde “¡Pero yo estoy creciendo!”.
Y yo pienso: “yo también estoy creciendo…”. Porque considero que la mejor forma de vivir es vivir aprendiendo, estar en un constante proceso de aprendizaje.
Y la maternidad nos quiere enseñar eso.
En un post anterior decía que “la maternidad nos sacude las bases”, y es que creo que el sentimiento es tan abrumador, tan completo, inexplicable… directamente nos inunda… y nos cambia, nos modifica.

¿Cuántas veces se preguntaron si, como mamás, están haciendo lo correcto?
¿Cuántas veces dudaron? ¿Cuántas veces POR DÍA dudan?
¿Y antes de ser mamás? ¿Dudaban mucho? ¿O sienten que tenían más certezas?

Tal vez, muchas de uds., afortunadamente, hayan aprendido antes de ser madres que el cambio es lo único constante, y que es la única forma de crecer, de adaptarse, aceptar el cambio y zambullirse en la aventura de aprender.
Pero para quienes siempre quisimos tener todo claro, todo el tiempo, la maternidad nos vino a decir: “No querida… OLVIDATE de estar segura, a partir de ahora no vas a estar totalmente segura nunca más!” Y es que, a veces, creemos dar en el clavo con una cuestión…., pero esa cuestión puede cambiar… en tan solo unos pocos meses, y lo que con mi hijo me sirvió el mes pesado, hoy ya no sirve, ya no aplica. O no se aplica a mi segundo hijo. Y es un nuevo proceso de desaprender lo anterior y aprender lo nuevo.

Ojalá pudiéramos tomar a la maternidad como un curso intensivo (no porque sea de corta de duración, sino porque es realmente MUY intenso) de cómo vivir. Si pudiéramos vivir aprendiendo… y desaprendiendo, y volviendo a aprender, como nuestros hijos nos obligan a hacerlo… creo que podríamos vivir más felices.



lunes, 10 de junio de 2013

¿Por qué “Amando, cambiando, creciendo”?

Porque siento que son las tres acciones, los tres verbos, que me definen hoy: amar, cambiar, crecer.  Y el gerundio (terminación “ando”/“iendo”) se debe a que lo hago (en presente) todo el tiempo, que lo estoy haciendo, en este momento, aquí y ahora… permanentemente. Como dice la famosa frase “lo único constante es el cambio”.
No sólo AMO todo el tiempo, siento AMOR, sino que continuamente estoy cambiando.
La maternidad sacude las bases, cambia los paradigmas, nos demuestra que todo aquello que tantas veces afirmamos con seguridad, está por verse, está por comprobarse. Y generalmente sucede que no se comprueba, sino todo lo contrario, se rectifica, se modifica.
Cuántas de nosotras hemos dicho alguna vez “cuando tenga un hijo, lo voy a hacer dormir en su cuna”, o “no entiendo a las madres que no corrigen a sus hijos cuando hacen… (tal o cual cosa)”, y después terminamos durmiendo con nuestros hijos, y alguna que otra vez no los corregimos cuando consideramos que debiéramos, sencillamente porque estamos exhaustas, y, ¡alguna vez hay  que bajar la guardia!
Y el cambio me lleva al tercer verbo: crecer. Quien cambia, crece. Alguien cuyas opiniones se mantienen inalterables a lo largo del tiempo, difícilmente crezca.

La segunda opción para el nombre del blog era “Creciendo junto a mis hijos”, nombre que finalmente terminé poniendo a la dirección del blog.
Considero que no son sólo los niños quienes crecen en una relación madre-hijo. Es más, creo que quien más crece es la mamá, y, en el mejor de los casos, también el papá (cuando es un papá presente, que cambia pañales, baña, mima, etc, cosa que por suerte está pasando cada vez más).
Si nos detenemos a observar a nuestros hijos, y si somos capaces de despojarnos de la soberbia que muchas veces nos cubre los ojos a los adultos, y que nos hace sentirnos más importantes que los niños, más sabios (nada más alejado de la realidad), podremos descubrir la verdad: que son nuestros hijos quienes nos enseñan. Nosotros estamos aquí para cuidarlos, porque son seres desvalidos, y ayudarlos a desenvolverse en este mundo y en la sociedad en que viven. Sin olvidar lo principal: ayudarlos a ser ellos mismos, a seguir sus gustos, sus impulsos, sus ideales.
Quienes realmente cuentan con las enseñanzas más valiosas son ellos, porque no están contaminados aún, porque ven con el corazón. Nosotros creemos saber más porque acumulamos información a lo largo de los años de vida, pero son los niños los portadores del saber más profundo. Debemos aprender a mirar.

Gracias a mis hijos amo más profundamente de lo que jamás amé. Gracias a ellos cambio… Y porque cambio, crezco con ellos…


Presentación de la blogger

         ¡¡Hola!!

Estoy muy feliz de iniciar este espacio, que existe en mi mente desde hace un tiempo, pero que, hasta ahora, nunca me decidí a concretar.
Supongo que la mayoría de las personas que deciden crear un blog son aficionadas escritoras… bueno, yo no soy la excepción.
Solo que, desde hace un tiempo (para ser un poco más precisa, alrededor de 4 años), encontré un tema (que a su vez abarca muchos otros temas) que me apasiona y me permite escribir con relativa fluidez: la maternidad.
Y digo desde hace 4 años, aunque mi hijo mayor tiene casi 3, porque un año antes de su nacimiento emprendí junto a mi marido el maravilloso viaje de buscar un bebé. Un viaje de ida, como lo sabrán las mamás. De eso, no hay vuelta atrás… ¡para bien y para mal!
Porque los niños son maravillosos, pero no es menos cierto que nos dejan apabullados luego de experimentar los primeros años de maternidad/paternidad, ¿¿¿o no???
Bueno, supongo que las experiencias serán tan variadas como personas hay en este mundo…

Pretendo que este espacio sea para intercambiar ideas y experiencias, con pasión y respeto. Seguramente nos encontraremos con opiniones muy dispares… por eso, por favor, pido respeto. Lo que yo pienso no tienen por qué pensarlo los demás. Ojalá podamos enriquecernos con las opiniones diversas.

Me debatí entre presentar primero al blog o presentarme primero yo, es decir, “la” Blogger. Y, como soy un poco narcisista, decidí que primero YO.


¿Quién soy?

Pregunta difícil de responder, si las hay… Cuando nos hacen o nos hacemos esta pregunta, por lo general intentamos responderla enumerando roles que desempeñamos en la vida, o títulos que hemos acumulado. Por ejemplo: soy mamá, esposa, contadora, psicóloga.
Antes que nada, somos personas. En mi caso, además, soy mujer. Y…eso básicamente, una mujer.
¿Qué roles desempeño? En este momento, el más importante, y que me ocupa el 90% del tiempo, es mi rol de mamá, y AMO ser mamá. Aunque…no todo es color de rosa…, pero ya lo charlaremos con el transcurso del tiempo y de los posteos.
Tengo 2 hermosos varoncitos, que actualmente cuentan con casi 3 años el mayor (faltan 6 días para su cumple), y 12 meses el menor.
Como títulos acumulados, les diré que ME RECIBÍ de contadora, pero NO SOY contadora, pues no me identifico con esa profesión. Además, cursé 2 años de Psicología Social, y tengo hecho un curso de posgrado en gestión de Empresas, que vino junto con un trabajo muy bueno, pero que ya terminó, por suerte (también, ya habrá tiempo para explayarme).
Soy una orgullosa correntina, esto es: oriunda de Corrientes, provincia ubicada al nordeste de la República Argentina.
También soy esposa, feliz esposa del amor de mi vida, con quien estoy, en total, hace 11 años, pasando por noviazgo, concubinato y posterior legalización de la unión, jeje.
También, por supuesto, soy hija, hermana, tía, amiga, nieta… y, como no todo es color de rosa, también soy nuera, cuñada, y demás yerbas.

Y, como les contaba más arriba, soy una escritora aficionada. Ya desde chica, me entretenía escribiendo cuentos y anotando en mi diario íntimo todo lo que me sucedía cada día. Y siempre soñé con escribir un libro, sueño aún no cumplido.

Actualmente, me desempeño como profesora de un curso de capacitación laboral, y me dedico a mis hijos casi a tiempo completo desde hace 1 año y 4 meses.

Espero que uds y yo encontremos en este blog el espacio para contar, descargar tensiones, reflexionar y debatir. Las/los invito a que pasen y vean.


¡¡Bienvenidos!!